A principios de la década de los setenta, la industria mexicana requería cada vez más técnicos en muchas especialidades, ya que se contaba solamente con un técnico por cada cinco ingenieros, cuando la proporción debería ser a la inversa, como los señalaban diversos estudios del sector educativo.

Por ese entonces, la demanda de profesionales técnicos de nivel medio superior para sectores como la industria, la agricultura, el turismo, la salud y la administración, se cubrían con egresados de licenciatura o trabajadores empíricos. En 1978 se presentaron los primeros proyectos para crear un organismo al que se ingresara después de la secundaria y que estuviera vinculado con la producción de bienes y la prestación de servicios.

A partir de estos estudios, el entonces secretario de Educación Pública, Fernando Solana, propuso establecer el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, (CONALEP) que se creó mediante decreto del presidente José López Portillo, el 27 de diciembre de 1978.

El primer director del Conalep fue el ingeniero José Antonio Padilla Segura (1978-1982), en cuya gestión se establecieron las unidades técnicas y administrativas básicas para el desarrollo del Colegio, definiéndose una estructura corporativa de carácter nacional.

El 10 de septiembre de 1979 iniciaron sus labores académicas los primeros siete planteles, cinco de los cuales estaban situados en el área metropolitana de la ciudad de México.

La gran acogida que tuvo la nueva institución educativa no solo por parte de los estudiantes sino también por parte del sector industrial, dio por resultado que para 1982, a sólo 4 años de su creación, el Conalep contara con 161 planteles localizados en todos los estados de la República, atendiendo una población de 80 mil estudiantes e impartiendo 74 carreras diferentes.

La actual administración decidió enfrentar los nuevos retos mediante una modernización integral de la Institución, que sentará las bases para hacer del Conalep una institución de excelencia en la impartición de la educación técnica, la capacitación y la prestación de servicios de asistencia tecnológica.

 

 

 

A diferencia de lo que puede pensarse, la tradición de la educación técnica en México es muy antigua, como lo muestran los importantes vestigios artísticos y técnicos de las distintas culturas prehispánicas que poblaron nues-tro territorio. Recién consumada la Conquista, hombres como Don Vasco de Quiroga, se preocuparon por traer de España los conocimientos técnicos para las artes y los oficios indispensables en la nueva sociedad que se formaba: el trabajo en cobre, la fabricación de loza, vidrio y jabones, el torneado de madera, los textiles en telares, que aún perduran en muchos estados de la República, tuvieron su origen en ese entonces y los conocimientos han pasado de generación en generación.

Lograda nuestra independencia política, los primeros gobernantes buscaron también hacer real nuestra independencia económica. Inspirado en el deseo de industrializar a nuestro país, Lucas Alamán fundó el Banco de Avío que permitió el establecimiento de las primeras fábricas de textiles en México. Con el fin de suministrar el personal calificado para esos empleos, en 1843 se creó la Escuela Elemental de Artes y Oficios, que más tarde, al reconocérsele su importancia, cambió su nombre suprimiéndose el calificativo de Elemental para formar maestros de taller y obra.

Al triunfar el liberalismo en nuestro país, desaparecieron los gremios y sur-gieron las Escuelas de Artes y Oficios; la primera de ellas fue creada en el año de 1856 y sirvió como modelo para las escuelas que impartieron educación técnica industrial. Al finalizar el siglo XIX existían 16 escuelas de educación técnica y 77 dedicadas a impartir estudios de bachiller.

Después del movimiento revolucionario de 1910, se reanudó la organización y el impulso de la educación técnica.

Para 1923, en la época de José Vasconcelos, fueron reformados los planteles técnicos y se agruparon en el Departamento de Enseñanza Técnica Industrial y Comercial (DETIC) de la Secretaría de Educación Pública, con el objeto de promover y orientar la creación de las escuelas industriales técnicas que estaban surgiendo rápidamente. La gran importancia que cobró esa actividad se vio reflejada en esos enormes murales de Rivera, Orozco y Siqueiros, en donde el trabajador técnico es reconocido como uno de los principales actores de la modernización de nuestro país.

Entre los años de 1929 y 1931, el ingeniero Juan de Dios Bátiz, entonces titu-lar del DETIC, impulsó de manera importante la preparación técnica de quienes trabajaban en la industria nacional. Gracias al entonces Secretario de Educación Pública, Narciso Bassols y al Jefe del Departamento de Enseñan-za Técnica, Luis Enrique Erro, se formaron las llamadas Preparatorias Técnicas. En 1935 se emprendió formalmente la creación del Instituto Politécnico Nacional, así como el Consejo Nacional de Educación Superior e Investigación Científica.

A nivel regional, la educación tuvo un fuerte impulso al fundarse, en 1948, el primer Instituto Tecnológico Regional en la ciudad de Durango.

En 1962 se establece el Centro Nacional de Capacitación para la Enseñanza Tecnológica, que en 1964 cambia su nombre a Centro Nacional de Enseñanza Técnica Industrial (CENETI), el cual funcionó hasta 1983. Un año antes se había creado un sistema de centros de capacitación para el trabajo, rurales y urbanos, siendo las únicas escuelas qué formaron técnicos de nivel medio, puesto que la tendencia dominante se encaminó a convertir las escuelas técnicas en instituciones de nivel superior, descuidando la formación de profesionales técnicos medios. Para resolver esta situación y cubrir la demanda de estos técnicos que el país necesitaba se concibió una institución especializada de éstos técnicos que el país necesitaba, se concibió una institución especializada que vendría a ser el CONALEP.